De víctima a superviviente II

Hay salida

Hace unos meses, por el Día Contra la Violencia de Género, escribí un artículo en el que expliqué cuáles son las características que definen al agresor de la violencia de género. Podéis volver a leerlo pulsando aquí. En este, voy a hablar de las fases que se sucedieron en mi relación con aquella persona.

Antes de nada, quiero disculparme por haber tardado tanto en escribir este artículo. Lo cierto es que tenía pensado escribirlo de forma seguida al anterior, pero cuando empecé a escribir me sentí agotada anímicamente. No es fácil sacar a la luz esas cosas, y en cierto modo tuvo esas consecuencias. ¡Pero ahora aquí sigo, para que sigáis sabiendo de mi experiencia personal y así pueda ayudar a quien lo necesite!

Para empezar este artículo, he realizado una pequeña investigación por internet, y lo cierto es que las fases que aparecen son, más bien, las que hablan de los ciclos de la violencia en una relación de maltrato. Estos ciclos se forman a partir de tres fases: la acumulación de tensión (esa fase en la que el maltratador se siente cuestionado), la agresión o explosión, y la reconciliación (se “soluciona” el problema).

Pero yo quiero hablaros de otras fases. Aquellas que se van sucediendo desde el principio.

 No soy una experta en el tema, y por eso, en lugar de generalizar he decidido enumerar estas fases tal y como sucedieron en mi relación personal.

La primera etapa fue la de atracción.

Como ya os comenté, el chico en cuestión se me presentó como alguien lleno de inquietudes, trabajador y seguro de sí mismo. Ensalzaba sus virtudes y se mostraba muy cercano a mí. Teníamos muchos gustos en común y podíamos compartirlos. Se mostraba completamente dispuesto a complacerme: me recogía de clase, me acompañaba a los sitios, me hablaba constantemente por Messenger, me cocinaba… Vaya, parecía un chico estupendo. A eso sumar que estaba independizado, que tenía coche, que estudiaba, que trabajaba… ¡Un partidazo!

Así que, inevitablemente, se produjo la atracción.

Mi caso además fue muy rápido, porque el chico apareció en un momento de mi vida en el que yo era muy vulnerable, con lo cual fui una víctima muy fácil. Así que, para cuando me di cuenta de que todo lo que me había contado era mentira, estaba metida en una relación de la que ya no sabía salir.

Además, me presentó a toda su familia exageradamente pronto. En aquel momento me lo tomé como que se tomaba muy enserio nuestra relación y lo daba todo por nosotros, así que no tenía problema en presentarme a sus abuelos, tíos, primos, etc. Fue como una “expresión de amor”, aunque con el tiempo me di cuenta de que solo fue una estrategia para que se formasen lazos de cariño con sus familiares y así me resultara más difícil romper la relación.

La segunda fase fue la de aislamiento.

En cuanto él vio que era suya, pasó a alejarme de mis amigos. Si había quedado con alguien, me respondía que él quería que estuviésemos juntos, que no fuera. Lo hacía de forma convincente, siempre conseguía lo que quería.

Además, me empezó a absorber. Tenía que estar siempre en su casa, tenía que ir siempre con él, no tenía más opciones que él.  Era tan absurdo que llegaban a pasar situaciones como esta: “vente a mi casa y pasamos la tarde juntos antes de salir”, ir a su casa, y decirme: “tengo raid del WoW, espérate hasta que se acabe”. Así que su plan era que fuese a su casa y estuviese de brazos cruzados hasta que la partida se terminase. Ahora veo que aquello lo hacía para tenerme cerca de él y que no pudiese tener relación con otras personas. En aquel momento, simplemente pensaba que él no había caído en que yo podría aburrirme pasando la tarde ahí, viéndole jugar a algo que no me interesaba lo más mínimo.

La tercera etapa fue la de control.

“Con quién vas a salir”, “con quién hablas”,  “dame tu móvil” se convirtieron en frases reiteradas en nuestra relación.  El salir sin él ya era impensable. Tenía que mentirle para poder quedar con alguno de los amigos que me quedaban o incluso, para simplemente, poder salir sola.

Acabó haciendo de mí lo que quería, porque cuando me negaba, lo acababa consiguiendo por las buenas o por las malas.

Una vez tuvimos una discusión a distancia (cada uno estaba en su casa). Teníamos tantas discusiones que ya no recuerdo por qué razón fue en esta ocasión.

Sería media noche cuando sucedió. A pesar de que por teléfono le dije que no quería discutir más, y que al día siguiente hablaríamos porque necesitaba dormir, él apareció en mi portal. Cogí el telefonillo y le dije que no le iba a dejar subir, que se fuera, que hablaríamos al día siguiente, pero esa noche, no. A él no le importaron mis palabras y siguió llamando a casa.

Solo dejó de llamar cuando mi hermano cogió el telefonillo y le dijo que parase, que ya solucionaríamos las cosas al día siguiente. Pero entonces empezó a llamarme al móvil. Lo apagué. Al rato, de los nervios, lo volví a encender. Tenía unas 16 llamadas perdidas suyas. Volvió a llamar y esta vez descolgué.

Me dijo que mirase por la ventana. Llevaba como una hora de pie, en la calle, dispuesto a todo con tal de poder subir a casa. Aquello me dejó claro que no respetaba en absoluto mis necesidades. Me pareció tan increíble que, tras seguir insistiendo en que se fuera, le acabé diciendo que lo mejor sería romper.

En ese momento, la llamada se cortó. Me asomé al balcón y, a gritos, me dijo que había estampado el móvil contra la pared y lo había roto. Pensé que había sido afortunada de no haber estado con él en ese momento, porque el móvil podría haber sido mi cabeza. Fue la primera vez que sentí miedo de él. Fue ahí cuando supe que quería dejarle fuera como fuera, pero, ¿cómo? Si no era capaz de irse a su casa una noche cualquiera, ¿cómo iba a alejarle de mi vida?

Finalmente, llegó la etapa de la pérdida de autoestima.

Habiendo perdido a prácticamente todas mis amistades, y teniendo junto a mí a un hombre que me hacía creer culpable de todas las discusiones y de todos los errores, que lloraba cada vez que me sinceraba sobre cualquier asunto, que me decía que nadie me iba a querer como él “a pesar de todo”… realmente perdí la poca autoestima que me quedaba.

Lo había conseguido. Si vio en mi a una chica con problemas fácil de agasajar con cuatro tonterías, ahora había logrado tener a una especie de chica perdida que no sabía cómo abandonarle porque, entre otras cosas, sin él estaría sola –o eso pensaba, erróneamente-.

Esas fueron las cuatro fases que me llevaron al punto crítico. Pero ya sabéis, cuando llegas al fondo, solo queda subir.

Y conseguí salir.

En mi tercer artículo, que espero que no tarde tanto en escribir, os contaré cómo logré librarme de él y las consecuencias que su abandono trajo consigo.

Porque ante todo, quiero que os quedéis con lo bueno. Quedaros con que, al final, salí.

Y aquí estoy, escribiendo mi historia en una web que llevo con mi pareja, una pareja que me quiere, me respeta y me complementa. Una pareja que jamás me ha cortado las alas.

Alas para seguir siendo una mujer LIBRE.

2017-05-17T13:12:31+00:00 Marzo 23rd, 2017|Etiquetas: , , , |3 Comentarios

3 Comentarios

  1. yami82 23 Marzo, 2017 en 10:28 am - Responder

    este tipo de cosas me ponen la piel de gallina, si soy sincero, y ante todo, esto se muestra como una mujer puede llegar a ser fuerte de mente y corazón. Pero comencemos por el principio, si soy claro en mi caso hay veces que trato de limitar , aún teniendo necesidad ya se a hablar , ese miedo a hacer daño o transpasar barreras que no se deberían.
    No puedo opinar pues poco se de relaciones, pero desde mi punto de vista, ahí debe haber ante todo comprensión y dar espacio a la pareja para que puedas expresarte absolutamente. Si bien, veo que este tipo de casos, y creeme he vivido lo mismo con parejas cuando iba a convivencias, son machos que no tienen auto estima alguna , de hecho uno de los “crios y otro de los monitores” se comportaban de igual manera y pretenden ponerse en el pináculo, sentirse fuertes por creer que pueden dominar, y hasta que no nos metimos en medio para “romper” , suena fuerte la verdad pero era necesario pues el otro lado ya notaba las consecuencias, y creeme que no es nada agradable estar en medio. Pero con ello muchas veces hemos arrancado las sonrrisas sinceras y un gracias. Yo mismo pienso a veces cuando me dicen “eres demasiado bueno”, si es por intentar atraer, la verdad quiero pensar que lo hago porque esa persona se lo merece y porque confio en ella. Pero ante todo, quiero evitar convertirme en un mosntruo, un gran miedo, aunque eso es algo que no sabremos hasta que no tenga a alguien a mi lado que me conozca como soy , aunque ya tenga con quien consultar mis miedos. Por suerte tú ya tienes a alguien muy especial a tú lado y con su apoyo , apoyo mutuo que necesitareis de ambos, seguir adelante sin deteneros… animos pareja

  2. yami82 23 Marzo, 2017 en 10:30 am - Responder

    Creo que eres la segunda chica que conozco, que veo que suelta las cosas sin tapujos y con transparencias. Mostrar miedos y lo que piensas es necesario a veces para reafirmar tu personalidad y tu camino, y lo importante es saber que tienes alguien con quien compartirlo y seguir adelante.

  3. […] con el maltrato para escribir el último de esta historia. Porque todo tiene una final, igual que esa mala experiencia que he compartido en el blog para vosotros y, en especial, para […]

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