De víctima a superviviente

No estás sola

Hoy, 25 de noviembre, es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer. La violencia de género es un problema social a escala mundial del que nadie es ajeno. Seguramente todos tengamos, como mínimo, una familiar, una amiga o una conocida que ha sufrido -o está sufriendo- malos tratos por parte de su pareja. ¿No es sorprendente que sea tan fácil conocer a una mujer que haya pasado por eso? Y yo, para vuestra sorpresa -o no-, he sido una de esas víctimas. Tenía 17 años.

Después de mucho tiempo, he decidido armarme de valor con el objetivo de poder servir de ayuda a través de mi experiencia a otras mujeres que puedan estar pasando una situación de maltrato. Porque creo que cuantos más testimonios haya, más fácil será para la mujer identificar al maltratador, más fácil será dejarse ayudar o simplemente pedir ayuda, más fácil será saber actuar y, sobre todo, darse cuenta de que no, no está sola.

Como es un tema muy amplio, voy a dividir este tema en varios artículos. [Parte II] [Parte III]

Para empezar, hoy voy a hablar sobre las características que comparten en gran medida los maltratadores, pues es necesario que sepamos identificarlos. Además, voy a contar mi experiencia poniendo ejemplos para cada una de esas características. ¿Por qué? Porque con ejemplos es más fácil comprender.

En primer lugar, son hombres con baja -o nula- autoestima. Por eso, querrán hacerte creer todo lo contrario: que son seguros de sí mismos, que tienen un buen trabajo, que son emprendedores, que follan mejor que ningún otro, etc. Rara vez dirán cosas negativas sobre ellos mismos. En mi caso personal, el chico en cuestión me dijo que trabajaba, que estaba estudiando una ingeniería, y que estaba independizado.

Parecía que ese chico fuese un partidazo. Me hizo creer que se tomaba en serio su vida y tenía objetivos claros. Pero pronto se desmontó esa gran “verdad decorada”. El chico resultó que había trabajado en el Festival FIB de Castellón ese verano, festival que dura 4 días. En cuanto a la carrera, no iba nunca a clase. Se pasaba el día jugando al World of Warcraft, sin preocuparse por nada más y quejándose de la carrera. En cuanto a su independencia, la realidad resultó ser que sus padres le estaban pagando un alquiler porque su relación con él era insostenible. Y su vida en el piso de alquiler se reducía a su habitación, de la que no salía más que para ir al baño.

Así que en menos de una semana me encontré con una realidad muy distinta a la que me habían contado.  No me habría importado esa realidad si desde un principio hubiese sido sincero, pero como podéis ver, la relación empezó con mentiras.

Esto me lleva a otra característica: no saben resolver sus problemas. Es por ello que idealizan su vida de cara a los demás, pues prefieren no ver la realidad y optan por pensar que son unos triunfadores.

Esta característica también se ve reflejada en otro hecho: culpabilizan al resto del mundo de sus problemas. De hecho, si sales con un maltratador, lo más seguro es que te culpe de todos los problemas de la pareja, que siempre te tengas que disculpar tú, y encima sea él el que tenga que perdonarte. En mi caso, este chico me hacía creer que era una mala novia por no estar de acuerdo con él.

Recuerdo una vez que no me apetecía que viniese a recogerme a clase, pero él insistió. Yo seguí negándome, hasta que él se cabreó y empezó a gritarme. Tuve que acceder a que me recogiese… y además tuve que pedirle perdón. Lo peor fue que, cuando llegué a casa, me mandó un sms al móvil en el que decía: “A pesar de todo, te quiero. ¿Vienes a cenar?”. Mi primera reacción fue la de preguntarme: ¿a pesar de todo? ¿cómo que a pesar de todo? ¿es que yo le he tratado mal alguna vez, como para que, a pesar de todo, me quiera? ¿Tan horrible ha sido decirle que me apetecía ir sola a casa?.  Y además… llevábamos saliendo un mes, ¿cómo podía ser que “a pesar de todo” me quisiera? ¿cuántas cosas habían pasado en un mes para decir ese “a pesar de todo”? Pero claro, le respondí diciéndole que sí iría a cenar, temiendo su respuesta ante una negativa.

También con mucha relación a esto último, encontramos otra característica: son hostiles y sufren de gran inestabilidad emocional. Por ello su respuesta ante aquello con lo que no están de acuerdo suele ser violenta. O, por el contrario, lloran con gran facilidad. Y no lloran porque sean sensibles, no. Lloran porque saben que de esa forma van a conseguir lo que quieren de ti. Si el llanto les falla, pasan a la hostilidad.

De nuevo, vamos a mi caso: una noche, volviendo de salir con unos amigos suyos, se quiso quedar a dormir en mi casa (casa de mis padres, mejor dicho). Yo no quería que se quedase, así que de la mejor forma que pude se lo dije. Fue algo así como “esta noche me apetece dormir sola”. Pero su reacción fue como me temía. Estábamos en mitad de la calle, serían más de las 2:00 de la madrugada, pero él no tuvo problema en montarme un Cristo. Se puso a llorar sin comprender por qué le estaba echando de mi lado aquella noche, como si le estuviese dejando. Intenté tranquilizarle, intentando hacer que me comprendiera él a mí, pero era un imposible. De hecho, al final, al ver que él no aceptaba ni si quiera que yo quisiera dormir sola -que realmente era porque me daba miedo su compañía-, intenté dejarle. Fue uno de mis 3 o 4 intentos fallidos.

Le dije que no aguantaba más y que lo nuestro se acababa esa noche. Pero no, no me dejaba irme a mi casa si no cambiaba de opinión. Me cogía del brazo y me apretaba, nos gritábamos, le decía que si tan mal estaba conmigo se buscase a otra que le tratase mejor, pero él no aceptaba esa posibilidad. Yo era suya y no iba a dejar que me fuese de su lado. Recuerdo perfectamente que deseé que alguien pasase por la calle y se interpusiera entre nosotros, que alguien me salvase. Pero no pasó nadie. Deseé hasta que algún vecino que nos estuviese oyendo llamase a la policía. Fue una noche de inflexión. Ahí me di cuenta de la necesidad que tenía por salir de esa relación, pero no sabía cómo hacerlo. Al final, se vino a mi casa a dormir. De nuevo, consiguió lo que quería.

Aquella noche no pegué ojo. Encima, tuve que aguantar a la mañana siguiente que me dijera: “me has estado dando la espalda toda la noche”, a lo que yo pensé: “ayer intenté dejarte y no me dejaste, cabronazo”, pero le respondí: “lo siento, es que estaba más cómoda de ese lado”.

Por supuesto, otra característica, puede que la más identificativa, sea que son celosos y posesivos. De nuevo, muy ligado a la falta de autoestima. Si ves que te aleja de tus amigos -sobre todo hombres-, que no te deja conocer gente nueva, que controla tu móvil, que quiere saber tus contraseñas, que se enfada si comentas alguna foto de otro chico… hazme caso, no te quiere. Ni te quiere, ni te merece.

El chico que está protagonizando mis experiencias también se mostró posesivo, ¡por supuesto! De hecho, dejó de respetar mi intimidad. “¿Con quién hablas?” fue la pregunta estrella cada vez que cogía el móvil para mirar mis mensajes. Estamos hablando de unos años en los que casi nadie tenía smartphone. Así que mirar el móvil más de medio minuto ya era razón para pensar que estaba poniéndole los cuernos.

Una noche que se vino a dormir a casa -otra de tantísimas-, que había sido precedida por una tarde llena de preocupación por saber qué había estado hablando con un amigo, sentí que iba a coger mi móvil. Y no pude estar más acertada. Me hice la dormida, y sentí que se incorporó. Cogió mi móvil, y entonces le pregunté qué hacía. El chico fue rápido y se le ocurrió responder que estaba mirando la hora. Lo dejé pasar. Al poco rato, me levanté para ir al baño, y cuando volví me lo encontré sentado, con mi móvil en la mano con la pantalla iluminada.  De nuevo, le pregunté que qué hacía con el teléfono. Él, cómo no, me respondió muy jodido que ya veía que le estaba engañando. Los mensajes que vio fueron para quedar con un amigo con el que tenía mucha química.  Se ve que mi novio no soportó que hablase con otro chico, que fuese para vernos, y mucho menos que hubiese más química que la que él tenía conmigo. De nuevo, broncaza. Y encima, no puedes echarle en cara que haya violado tu intimidad, no, porque él es la víctima -o eso va a intentar hacerte creer-.

Esa fue otra de las veces que intenté romper con él. Se lo decía directamente y sin dudar, pero como no funcionaba, volvía a usar la técnica de ponerme de su parte y decirle que, si tan mala era con él, lo mejor que podía hacer era dejarme. Pero seguía sin funcionar.

Como habéis visto, otra característica en la que suelen coincidir es en que debe suceder lo que ellos quieren, lo cual es una afirmación de su grandísima inmadurez. Y esto, amigos y amigas, está contemplado, por supuesto, en el plano sexual. Y aquí entra la violación.

Que quede claro: si te obliga, es violación. Si tú asientes porque estás siendo coaccionada, sigue siendo violación. No importa que sea tu pareja. Si te obliga, es un violador.

Qué puedo decir, ya os podréis imaginar. De hecho, desde el comienzo sufrí violaciones, solo que no lo sabía. Pensaba que mi papel era el de complacerle porque era mi novio. Ahora lo veo con perspectiva y veo lo tonta que fui, y he pasado años sintiendo asco hacia mí misma por haber permitido aquello. Lo bueno es que ahora sé que no fue culpa mía y me siento más en paz. Recuerda, amiga: pase lo que pase, no es culpa tuya. El único culpable de lo que te está pasando -o ha pasado- es él.

Una de las cosas que me obligó a hacer fue la de tener sexo anal. Nunca lo había practicado, y aunque no quería hacerlo, él me acabó convenciendo. Por aquel entones no tenía ni idea de sobre esa práctica sexual, y él parecía que tampoco, porque no lo pudo hacer peor. No hubo periodo de adaptación, ni de preparación, ni de lubricación, ni de ir poco a poco. Simplemente, la metió como si nada. Imaginad mis lágrimas. ¿Y lo peor sabéis qué es? Que no fue la última vez.

 Si queréis leer sobre más características que definen a estas personas, os dejo un enlace en el que se explican perfectamente. Todas –o casi todas- aparecen en las experiencias que os he contado de una manera u otra, pero ahí las tenéis más a la vista. Es una lista bastante acertada, de hecho,  las que he ido comentando las he visto en esa página sin haberla mirado previamente: haced click aquí.

Lo que busco con este artículo no es que haya un simple listado, como podéis encontrar en ese enlace o en cualquier página de forma fácil y rápida, sino que podáis ser testigos de mis experiencias. Que podáis ver que esas características son reales, que hay ejemplos de ello.

Ojalá todo esto pueda serviros de ayuda, ya sea para abriros los ojos, como para que os arméis de valor para actuar. Y no les hablo solo a las víctimas, sino también a los familiares y amigos. Si sois testigos, si veis estas características en esa persona, moveos. No os quedéis quietos, porque con el tiempo será peor.

2017-10-17T14:04:45+00:00 Noviembre 25th, 2016|Etiquetas: , , , , , |2 Comentarios

2 Comentarios

  1. […] que definen al agresor de la violencia de género. Podéis volver a leerlo pulsando aquí. En este, voy a hablar de las fases que se sucedieron en mi relación con aquella […]

  2. […] retomo los artículos sobre mi experiencia con el maltrato para escribir el último de esta historia. Porque todo tiene una final, igual que esa mala […]

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